Sin escapatoria

No hay donde escapar. En ningún cuarto de mi casa me puedo librar. En la biblioteca es aún más infernal, imposible estudiar. A mi ventilador le faltan velocidades… la calima y la humedad del ambiente son insoportables. Que suerte vivir aquí.

Hoy es el segundo día de calima… de esta, porque llevamos una racha este verano espectacular. Hace dos fines de semana subí al Teide, algo nada cómodo para alguién que, como yo, ya no está tan acostumbrado a caminar. Total ¿para qué? Al llegar a la cima, tras esperar casi una hora a que amaneciese muerto de frío (lleve justo el abrigo por no cargar peso, la próxima vez me lo pienso) a unos 3.715 metros de altura (como a tres metros de la punta, era para refugiarnos un poquito) miramos hacia el frente esperando ver al frente las islas, por nuestra pocisión Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote, y la sombra del Teide… pero que va, no se ve nada, hay calima. Para casa. Otro día será. O no…

3 opiniones en “Sin escapatoria”

  1. A mí me pasó lo mismo la única vez que he subido hasta la cima. También me topé con calima. La verdad que es una putada, sí señor. Otra vez será (para usted y para mí).
    Un saludo.

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